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La larga escalera de las emociones rotas

 

Subí las escaleras,

unas veces más despacio que otras,

la larga escalera de los días de arrebato,

de los días de euforia en busca de calor,

de los días de angustia cuando nadie persiste.

 

Quise alcanzar la cima,

llevarme el premio de recompensa,

sentir que habían merecido la pena

los días en los que dar un paso se hizo pesado.

 

Persistí hasta quedarme sin fuerzas,

hasta que no hubo nada a mi alrededor

más que dolor, cuando volví la vista atrás

y comprobé que había perdido los

mejores años de mi vida buscando

alguien a quien rendir culto, alguien

que me aprobara sin miramientos,

como la madre orgullosa de sus retoños

a los que sin juzgar acoge en su regazo.

 

La llamé la larga escalera de las emociones rotas,

cuando incontrolablemente se desbordaban

para hacerme tambalear y caer.

 

Fueron tantos los golpes y las veces que lo intenté

que me pareció que una vez más no estaba de sobra,

escalón a escalón me despojo de mis miedos,

los simplifico, los tiro por la barandilla que aún me sostiene,

y cuando llego arriba del todo me siento victoriosa.

 

Subo y bajo una y otra vez por la larga escalera,

no voy deprisa más no me cuesta subir,

a veces quiero soltarme, cuando me siento segura…

cuando soy yo quien controla cada paso,

quien aprueba o desaprueba,

quien sin miramientos se acepta.

 

Recojo pequeñas virtudes que tenía olvidadas,

los dones que me fueron regalados sin pedir

nada a cambio por un ser que nos manda a amar

a nuestro prójimo tanto como a nosotros mismos.

 

Me reeduco dejando atrás viejas enseñanzas,

en una experiencia transformadora donde me

permito discernir y alcanzar la paz cada vez que llego

a la cima de la larga escaleras de las emociones rotas.

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Parte de mi

 
Me muestro implacable para

que no me arrebaten los años,

para que no me embauquen

mis propios instintos,

que a veces desmesurados

escogen caminos equivocados.

 

Apreso mis energías para

liberarlas a cuenta gotas,

para evitar que el vaso rebose

y calmemos nuestra sed

de una sola sentada.

 

¿Son las formas las que

determinan si somos admisibles?

 

Dosifico mis emociones para

que nada altere mi estado,

me solidarizo para conmigo

y experimento la caridad

en mis propias carnes,

que no se entregan confiadas.

 

Prevalecen mis necesidades

y el respeto por mis ideales,

que forman parte de mi ser

inevitablemente, cuando por

lejos que se encuentren,

imborrables permanecen.

Tiene sed…

Tiene sed, 

más no se apresura a beber de cualquier manantial,

confía en que todo tiene su hora,

como el Rey Salomón.

 

Como si fuera de otra especie

sigue un solo camino,

quiere rescatar a otras almas

para que sientan alivio.

 

Conoce la vanidad y la aflicción de espíritu,

busca en todos lados a su pastor,

para volver al rebaño con las demás ovejas

donde se siente seguro.

 

Sabe que el calmará su sed,

hará que descanse cuando se sienta cansado,

dará sentido a su existencia

cuando no encuentre respuestas.

 

Se guarda fervientemente

para aquella mujer

que una vez esté a su lado

siga el camino con el.

 

A veces se siente confuso,

más no pierde la fé,

sabe que habrá recompensa

cuando se encuentre con el. 

 

Tiene sed, 

más espera su hora…

 

 

 

El final del comienzo…

Todo tiene un final,

lo que parece imperecedero

corre el riesgo de estropearse,

de marchitarse como las hojas en los árboles

pierden frescura cuando llega el Otoño.

 

Me pregunto si lo eterno tiene espacio

o si sólo le hacemos hueco para que se acomode.

 

Me dí cuenta que nada era perpetuo,

ni el dolor, ni la desolación,

ni siquiera nosotros…

 

No hay decisiones inamovibles,

lo que parece predecible

corre el riesgo de ser incierto,

de romperse a pesar de los esfuerzos

por sostener lo que no nos pertenece…

 

A veces dura una estación,

a veces solo un año,

a veces una vida entera…

 

Me dí cuenta que éramos marionetas

cumpliendo una función,

en unas manos que manejan los hilos

para hacernos libres como las hojas

que se lleva el viento cuando llega el Otoño.

 

Me pregunto si el final es solo un tramo,

o si el tramo es el final del comienzo.

 

 

 

 

 

 
 
 
 
 

Hija…

Como la ola que arrasa con todo

llegas para darle color a mis días,

con tu dulce sonrisa vas llenando

cada rincón de esta casa.

 

Quisiera guardar tu inocencia

como guardo en mi memoria tu nacimiento,

cuando viniste al mundo para darme

a conocer el amor más sincero.

 

¿Cómo agradecer tu existencia si se escapa

de mi razón que exista un ser tan perfecto?

 

Como el oxígeno para respirar

tu pequeño cuerpo llena mi ser,

que adherido a mi se hace uno solo

y me reconvierte en mejor persona.

 

Quisiera guardar tu pureza

como guardo tus secretos al oído,

cuando me cuentas espontánea

todo aquello que nos pertenece. 

En duelo…

 
Después de tanto esperarte me quedé sola, 
llorando como si volviera a nacer, 
como si todo empezara de nuevo,
como si siempre hubieses estado a mi lado. 
 
 Me faltan fuerzas para tomar las riendas 
porque no estás para darme aliento, 
ni para creer en mi como hacías antes
de que me perdiera por el camino. 
 
Esta vez ni siquiera me salva el orgullo,
ni las ínfimas razones de tu ausencia,
de nada sirven las palabras de consuelo, 
cuando sobre mis hombros pesan los motivos.
 
No hay vuelta atrás en este viaje,
ni tiempo para las despedidas, 
no hay días que contar, ni noches para leerte,
porque ahora tengo el alma en duelo. 
 
Me desconozco en una casa vacía,
que llena de recuerdos me aplastan,
para dejarme arrinconada en este metro cuadrado 
del que no me despego por si apareces. 
 

 

 

 

 

 

 

 

.

 

 

 

 

Perfectamente imperfecta

De vez en cuando me miro con lupa,
me veo en aumento, me reconozco.

No todo está tan bien, ni todo está tan mal,
quizás soy perfectamente imperfecta.

A veces me quiero comer el mundo,
y otras me dejo tragar.

A veces sociabilizo,
y otras soy antisocial.

A veces soluciono problemas,
y otras los quiero crear.

A veces, solo a veces. 

No encuentro punto intermedio,
voy saltando de extremo a extremo.

Ni todo está tan mal, ni todo está tan bien,
quizás sea perfectamente imperfecta.

A veces quiero gritar para
luego acabar llorando.

A veces me quiero un poquito
y otras me quiero querer.

A veces me despersonalizo
para encontrarme demasiado tarde.

A veces, solo a veces.

Lo que ven es lo que soy,
quizás sea al revés.

Ni todo está tan mal, ni todo está tan bien,
sólo soy perfectamente imperfecta.

Pero a veces, solo a veces…

 

Viaje a solas…

Descosida ando en esta minúscula ciudad que me ahoga,
intentando unir las piezas que me quedan de este corazón roto,
que recogí a pedazos camino al aeropuerto sin llegada,
para darme cuenta que fue en vano este viaje…
Porque te habías llevado un trozo en tu maleta,
que me obligaba a reconstruir todo de nuevo,
sin tiritas de quita y pon que se pegan a las heridas
para que no respiren, cuando de pronto sangran.
Por qué duele cada recuerdo,
como si en cada uno de ellos se fuera la vida entera?
Se abre y se cierra una puerta con gente sin rostro,
mientras te busco entre caras ajenas que no me esperan,
ni me dan la mano para intentar sujetarme, como hacías antes
de que yo te soltara para salir corriendo.
Desolada vuelvo a casa con algunos pedazos de menos,
que esparzo en el sofá donde te sentabas a escribir historias
de las que yo quería ser protagonista, y que ahora vacío llora
para acompañarme en este viaje a solas…

Me desenchufo como el cable de mi ordenador…

 

Me desenchufo como el cable de mi ordenador,

cuando hace colapso…

cuando no le llega la corriente,

y un solo toque apaga el sistema,

que se encuentra cansado…

quizás de tanto uso,

¡tanto que ya ni ventila!

Parece que no diera más de sí,

cuando al hacer su función se apaga,

sin fuerzas durante un rato…

 

Me desenchufo como el cable de mi ordenador,

cuando se recalienta…

Parece que hiciera un sobre esfuerzo,

intentando reanudar su marcha,

que vuelve potente como en antaño…

¡Pobre de mi ordenador!

quizás necesite un descanso,

para luchar su última batalla a solas,

después de todo permanece Vivo,

con ganas de seguir trabajando…

Será cuestión de cuidarle,

y que el sistema dure unos años…

 

Me desenchufo como el cable de mi ordenador.

 

 

Firme…

 

Como en un cuento de fantasía te me apareces lejano,

Y con firmes valores te presentas seguro ante mí,

Desatando los nudos de las cuerdas que aún me rodean,

Hasta hacerme sentir liberada…

 

Te adentras sutilmente, sin romper la calma…

Como el caballero de buenos principios que aguarda el momento,

Para entregarse más tarde como el más fiel de los hombres,

A quien se gana su bondadoso corazón…

 

Te guardé por un tiempo como un libro cerrado,

Que me atreví a descubrir después de leer el prólogo,

Y que me envolvió tanto que quise tenerlo a mi lado cada noche,

Para tratarlo como al mejor de los tesoros…